Somos, sencillamente, chicos alegres. Por que lo somos. Chicos, porque, a quien no le gusta vivir bajo el punto de inmadurez irresponsable de no tener que afrontar en si mismo la dura carga. Si, la dura carga, pongámonos como no, de la elección de estar en el armario o no estarlo, o por el contrario hay quien pensara al momento que no es tan dura, si por estarlo, abre infinitas posibilidades de convertirla en libertina, alegre y placentera; para ello, como en todo, hay armarios de alto estanding, de lujo, de clase media y utilitarios de los que una vez usados se pliegan con un leve movimiento y a otra cosa.
Esos armarios de madera noble de cerezo o de nogal, con marquetería de sicomoro (para que irse a los de importación), pensados para toda clase de usos y servicios, llamense, squash, sauna, hidromasaje, cafeteria-restaurante, salones con wifi, u otros muchos, en los cuales se puede pedir una pizza y poder comerse al chico que la trae, previa llamada a la esposa expresandole lo mucho que siente no poder acompañarla en la cena, por culpa de un exceso puntual de trabajo; Eso si, a ellos se accede en taxi, ¡no hay que dejar huellas!, ni siquiera la de los neumaticos.
O bien, esos otros de clase alta, de madera noble tambien, pero que ha sido tratada con procedimientos industriales y construidos en formato standard. Aquí la pizza es para llevar y el chico se ha conseguido a través de los contactos del periódico que llevan todo el dia bajo el brazo.
Los armarios de clase media, eso ya son mas variopintos, de simulacro de madera, los aglomerados, contrachapados, etc , cuyo uso es compartido y no falto de una incipiente organización, que puede llegar incluso a inspirarse en un nepotismo ilustrado. Aquí, los chicos de las pizzas se comparten a la vez que los armarios.
Llegaremos por fin a los armarios utilitarios, estos pueden ser de plastico u otros tejidos, pero estampados, eso si; y con la gran ventaja de que tienen vistas al mar. Aquí la caracteristica principal es que la pizza se hornea en casa y se comparte con otros, de armarios similares.
Eso es lo que somos, pura y sencillamente gays. Bonita palabra, ¿verdad? ¿a quien le gusta que le llamen maricon, o mariconazo? – A nadie. No se puede ir por ahí diciendo: ¡Soy maricón!. Suena mal, hortera, vulgar, hasta incluso poco estética; es una palabra fea, sobre todo por que es aguda; parece al pronunciarla, que vayan a pegarle a uno con ella, en la cabeza.
Los ingleses, a parte de ser unos hijos de la gran bretaña y no menos hijos de la nueva América, por que la auténtica, la genuina, la borraron de un plumazo y con mayor razón se la quitaron a unos chicos, que tenian la desgracia de llevar una pluma en la cabeza, o dos....y si eran de alta alcurnia, mas. ¡Valientes hipócritas! Inventaron la palabra, gay.
Gay, gay, no dejariamos de pronunciarla. Es bonita y alegre, espontanea y breve, hasta sirve como arma defensiva. Internacionalmente aceptada como acrónimo “Good As You”. ¡Eres un hijo de.....! – Yo soy como tu.
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